Una fábula gótica

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Abandone ya quien busque historias cómicas, alegres y optimistas en esta reseña. La obra melancólica que ocupa estas líneas comparte espíritu gótico con la crueldad de los cuentos originales de los Hermanos Grimm, el malditismo tétrico de Edgar Allan Poe (1809 – 1849) y el tenebroso expresionismo estético de F.W. Murnau (1888 – 1931) o las primeras películas de Tim Burton (Burbank, 1958).

Publicada originalmente en la editorial francesa FuturópolisEl hijo del ogro (Ed. La Cúpula, 2009) es una apreciable fábula medieval de apenas 76 páginas escrita y dibujada por Grégory Mardon (Arras, 1971), excepcional dentro de su registro habitual de historias cotidianas contemporáneas.

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Un rápido esbozo del autor. Tras estudiar artes gráficas en la Escuela de Imagen Gobelins, inicia su carrera como diseñador de escenarios y autor de storyboards al servicio de series de dibujos animados, hasta que en 1998 y 99 salta al cómic en la veteranísima Spirou, la revista belga francófona que viera nacer al personaje homónimo, a Lucky Luke, los pitufos y tantos otros.

En 2000 ve la luz su primera novela gráfica, Olas del alma (Ed. La Cúpula), género que desde entonces Mardon cultiva con regularidad y que le ha hecho popular, si bien no tanto como otros autores de la nouvelle bande dessinée. La misma editorial española tradujo también Incógnito (2005) y Lecciones de vida (2006).

Estas obras comparten (como en general la bibliografía de Mardon) una acentuada sensibilidad hacia las relaciones humanas y cierta tendencia hacia la introspección y la mirada intimista al mundo interior de sus protagonistas, cualidades que como veremos también se aprecian en El hijo de ogro, aunque en esta ocasión excepcional la historia esté ambientada en la Edad Media en vez de en la actualidad y el espíritu del memento mori esté presente desde la página uno.

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Según explica el propio autor[1], fue el deseo de dibujar una historia medieval lo que le impulsa El hijo del ogro, como homenaje a ilustradores de relatos caballerescos que leyó en su juventud como Georges Beuville (1902 – 1982) y su adaptación de 1960 del Roman de Renart del siglo XII o el ilustrador ruso Iván Bilibine (1876 – 1942). En sus palabras:

No me gusta el color, que puede resultar vulgar muy pronto, el blanco y negro puro me parece muy difícil de dominar. El lavado (diluir un mismo color en agua en diferentes proporciones) es un buen punto intermedio para mí, permite inyectar calor, luz y contraste.

Y efectivamente en un blanco y negro repleto de matices grises se nos presenta esta biografía de Benoit, quien se presenta de inicio como un chico de doce años que vive con su madre viuda en una amurallada ciudad francesa. Entre ambos regentan una humilde tienda de tejidos y llevan una vida convencional, sin embargo muy pronto muestra Mardon al lector una sombra preocupante en el comportamiento del muchacho, quien parece disfrutar haciendo daño gratuitamente a pequeños animales.

Un evento que esporádicamente rompe la rutina de la villa acaparando la atención de todos sus habitantes sin distinción de clase es la ejecución de sentencias punitivas en la plaza pública, “con la esperanza de desviar a los posibles espíritus rebeldes de sus viles intenciones, o por pura distracción”. A tal fin acude el verdugo con su identidad oculta por una capucha, una figura fascinante para jóvenes como Benoit y sus amigos que rumorean sobre su identidad y su pasado, y de cierto prestigio para la comunidad que paga sus servicios tanto en oro del noble regente como en especias de los tenderos plebeyos.

¡El verdugo será quien me corte cabeza, pero vosotros sois los que me asesináis!

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Tras asistir a la decapitación mediante hacha de un criminal, esta vez Benoit no refrena su curiosidad y sigue al verdugo hasta su casa aislada en un bosque. Una vez localizada seguirá acudiendo a husmear los días siguientes, hasta descubrir que la amante secreta del misterioso personaje es la mismísima reina. Aprovechando una ejecución, el chico se cuela en la casa y roba un medallón con la imagen de la monarca, lo que desencadenará una serie de trágicos acontecimientos que cambiará la vida de todos los personajes y del reino para siempre y que no revelo ahora para no desvelar la trama, pero sí más adelante tras el aviso de spoiler.

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Con dibujo elegante, El hijo del ogro hace gala de un pulso narrativo que acelera y ralentiza el paso del tiempo con maestría, haciendo que una escena decisiva sea representada a través de varias páginas o que varios años queden plasmados en una sola, en un inteligente juego de cambios de ritmo que aviva el interés. Del mismo modo la composición tradicional de viñetas predominante se intercala con ocasionales páginas enmarcadas y adornadas por iconos representativos del contenido, lo que también rompe la monotonía y dinamiza la lectura.

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Ilustración descartada.

El relato destila el espíritu de una fábula tradicional sin renunciar a la verosimilitud, prescindiendo de elementos sobrenaturales y ciñéndose a los que ofrecen los datos históricos, en este sentido el esbozo de la sociedad medieval y sus circunstancias que ofrece es creíble y ahonda en la crudeza de una historia concisa y rotunda. El inesperado desenlace es redondo e invita a la relectura, que aguanta sin problema, posiblemente por lo bien trabajado del guión y del que se diría ha eliminado todo accesorio superfluo.

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Tras el robo del medallón de la reina en casa del verdugo, Benoit tiene el infortunio de esconderlo entre las telas de la madre y es descubierto por un noble que no tarda en acusar y prender presos a ambos. Impotente desde su celda, el muchacho escucha cómo el filo del hacha ejecuta la sentencia sobre su desventurada madre y poco después es puesto en libertad. Consumido por la rabia y el dolor inmediatamente se cobra venganza prendiendo fuego a la casa del verdugo bloqueando las salidas y se da a la fuga.

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Al principio como vagabundo, empieza una vida nómada y solitaria hasta que topa con un ejército de soldados mercenarios y se enrola en sus filas como escudero. Entre aquellos rudos aventureros crece y se convierte en un hombre de armas. Propulsado por una ira irrefrenable que le permite salir victorioso de cada batalla asciende en el escalafón y con el paso de los años se convierte en el comandante del ejército a sueldo del mejor postor.

Como un vampiro, iba a colmar su deseo de muerte que sólo la guerra le ofrecía. Pero nunca quedaba saciado.

Llegado el momento, el para entonces enriquecido señor de la guerra se cansa de pelear y contrae matrimonio con una princesa italiana, se asienta y tienen un hijo. Durante unos años disfruta una apacible y cómoda vida familiar pero no logra calmar su tormenta interior y poco a poco la inquietud y el malestar van haciendo presa. Tratando de aplacarlos un día sale de caza a lomos de su corcel y tras una larga y obsesiva persecución en pos de un gran ciervo blanco acaba dando a parar al territorio de su infancia.

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Caída la noche y entre las ruinas de lo que fuera el hogar del verdugo derruido por su propia mano, Benoit encuentra un vagabundo instalado que le ofrece hospitalidad. En torno al fuego y gracias a este encuentro fortuito, el protagonista escuchará de labios de su interlocutor y por primera vez la verdadera historia de lo ocurrido cuando su vida dio un giro de 180 grados siendo niño.

Fils_ogre-02La sentencia bajo el tajo contra su madre no fue de muerte, sino de amputación de la mano izquierda, y el verdugo compadecido por la mujer la acogió en su propia casa, de tal manera que cuando Benoit quemó hasta los cimientos el lugar mató tanto al ejecutor como a su propia familia. Al saber de la muerte de su amante, la reina se suicidó, poco después el rey viudo murió de pena y estallaron guerras civiles entre los herederos que destruyeron el reino.

Al terminar de escucharle, Benoit paga al mendigo por su escalofriante narración-dentro-de-una-narración y este no tarda en convocar una banda de maleantes para asaltarle y hacerse con toda la bolsa. En un broche final de lo más logrado, el lector contempla por una vez una leve sonrisa en el amargo rostro del protagonista aceptando su final bajo los palos y la avaricia de los desharrapados y al pasar la página se despide con la estampa beatífica de una mujer y su hijo ante una ventana soleada, ya liberados para siempre de un marido y padre de carácter violento y destino maldito.

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[1] Bodoi, entrevista por Laurence Le Saux, 19 de enero de 2009.

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